Cuando pasa el temblor

La vida después del 7.8


Este 16 de julio se cumplirán tres meses del trágico terremoto que sacudió a la Costa ecuatoriana y, como consecuencia, a todo un país. ¿Cuál es el estado actual de la zona? ¿Cómo han cambiado sus necesidades? Seguir ayudando es vital. Hablan los voluntarios.


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¿Profunda solidaridad o novelería pasajera?

17 de abril del 2016. La sensación de tristeza generalizada en el país fue un remezón más fuerte que el mismo fenómeno natural. La incertidumbre rápidamente se convirtió en difusión espontánea, por redes sociales (en contraste con el silencio informativo oficial), y la impotencia y temor del inicio se transformaron en solidaridad y acción. La gente se volcó a los numerosos centros de acopio que surgieron y hubo una avalancha de expresiones de ayuda, sensibilidad y apoyo que incluso llamó la atención de los medios internacionales. La opinión masiva era que no habían visto jamás un país reaccionar de manera tan intensa frente a una catástrofe: “Cuando viajamos a Portoviejo, los rescatistas de otros países comentaban que nunca habían visto una sociedad demostrar un grado de ayuda tan grande y eso fue bonito. Nos sentimos orgullosos” cuenta Carolina Báez, ex Reina de Quito y Vicepresidenta de la Fundación Reina de Quito, uno de los puntos clave que canalizó la ayuda a la Costa desde un principio y que continúa, hasta hoy, con esa labor. Son  muchas las personas involucradas en esta labor; Carolina destaca el trabajo de María Caridad del Castillo, quien trabajó muy duro por la zona de Jama y sus alrededores.

“Me llamaron para organizarnos y llevar una o dos camionetas a Cojimíes. Yo pesco y voy seguido a Cojimíes. La idea era llenar estas camionetas de donaciones, pero la cosa escaló y de pronto había 40 voluntarios, convocados por las redes de La Burguesa” cuenta Martín Lira. Martín es parte de la iniciativa Colmena, un colectivo que, a raíz del terremoto, se enfocó en levantar campañas humanitarias para ayudar en la Costa, específicamente en la zona del Matal. La ayuda ha incluido el envío de insumos básicos, la reconstrucción de la zona y el desarrollo de campañas lúdicas para los niños, entre otras cosas. La mayor parte de la ayuda fue canalizada a través del restaurante La Burguesa de Quito, del cual Martín es propietario. En redes sociales se difundió el trabajo suyo y de su hermano Juan Cristóbal y la bola de nieve humanitaria empezó a crecer en la capital.

Por su parte, la guayaquileña Cristina Garzozi se vio de pronto enfrentada a un llamado del destino. Ella y su novio habían pensado siempre ser parte de un proyecto de construcción de casas con contenedores, para ayudar a gente necesitada. De pronto, esa
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ayuda fue urgente y no lo dudaron un segundo: iniciaron el proyecto de manera prematura y lo llamaron  Construyendo Esperanza. En el caso de la también guayaquileña Karla Morales, esta rápidamente se alió con distintas organizaciones, públicas y privadas. De hecho, fue criticada por eso, por aliarse tanto con el gobierno como la oposición. A ella, sin embargo, según lo expresado en entrevistas en varios medios escritos del país, no le pareció importante de dónde proviniera la ayuda, mientras se hiciera algo. Karla es la directora de la Fundación KAHRE Ecuador que, apenas pasó el terremoto, inició una campaña muy fuerte para captar ayuda, la misma que continúa hasta el día de hoy.

Pero la lluvia torrencial de positivismo rápidamente se hizo garúa y luego cesó casi completamente: “Fueron alrededor de dos semanas que duró la ayuda masiva” dice Carolina, a lo que Martín Lira añade: “En nuestro caso, la novelería les duró una semana”. ¿Qué pasó, entonces, con esa sociedad alabada por los medios del mundo? ¿Por qué se apagó de repente ese fuego del principio? Podríamos atribuir ese parón a muchas cosas: las medidas económicas solidarias impuestas por el gobierno, las dificultades logísticas y financieras que supusieron este tipo de ayuda para muchos ciudadanos y la falta de difusión de los medios de una noticia que ya resultaba “vieja”. Los motivos podrían ser varios, pero encontrarlos es inútil. La realidad es contundente. La ayuda civil para la Costa es hoy escasa o nula: “Estuvimos con Colmena el fin de semana pasado. De Quito solo fuimos dos personas” asegura Martín.
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Resultados claros
Una cosa es cierta: cuando conseguimos aliarnos, cosas increíbles suceden. La ayuda que todos brindamos hace más de dos meses rindió frutos. Varias organizaciones sociales y gubernamentales activaron mecanismos de respuesta, entre ellos la ya mencionada KAHRE, iniciando con la atención humanitaria y gestión de donaciones desde la misma noche del 16 de abril. La fundación tiene contabilizados, hasta el 26 de mayo, 325 viajes, 8000 kits de niños entregados y 375000 litros de agua distribuidos. Pusieron en marcha la campaña La Piedra de la Unión que comercializa piedras pintadas por los niños damnificados, entre otras campañas e iniciativas. La fundación apoya actualmente la Fase 2 que consiste en la reconstrucción y reactivación económica de la zona. El 4 de mayo de 2016 inauguró el primer centro comunitario de capacitación y talleres, desde donde contribuirá con el proceso de reactivación económica, tecnificación y atención integral a los afectados, incluyendo programas de asistencia psicológica.

Por su parte, la Fundación Reina de Quito, desplegó una campaña masiva de acopio y entrega de donaciones que tuvo impacto positivo directo en 600 familias damnificadas, censadas y registradas. La fundación puso en marcha distintas campañas y eventos benéficos. El día de hoy la fundación comercializa un brazalete solidario, hecho con la bandera del ecuador y un mapa bañado en plata, cuyos fondos serán destinados a la zona afectada. El colectivo Colmena consiguió construir alrededor de 40 casas hasta la fecha, además de organizar eventos lúdicos y de entretenimiento  para adultos y niños como proyecciones de películas al aire libre. Pero quizá el mayor regalo que ha podido darles el colectivo Colmena al a gente de El Matal es el fortalecimiento de su dignidad. “Nosotros construimos sus casas; pero con ellos. No es que les damos levantando la casa. ellos tienen que hacerlo con nuestra ayuda. Tratamos de que la gente entienda que no les venimos a regalar nada, sino que les damos una mano, porque todos nos necesitamos los unos a los otros. Hoy es por ellos, pero talvez luego ellos mismos puedan prestar la ayuda a alguien más” explica Martín.
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El proyecto Construyendo Esperanza por su parte logró recaudar las donaciones de diversas empresas privadas que entregaron muchísimos materiales de construcción. Recibieron, además, donaciones de contenedores, con las que llegaron a concretar cinco construcciones que donaron a una iglesia y un colegio. No se pudieron hacer más casas contenedor, porque las donaciones de estas estructuras cesaron y comprarlas resultaba muy caro e ilógico. Lo que hicieron fue tomar los materiales de construcción que sobraron (que fueron muchos) y canalizar la construcción de casas a través de KAHRE, con quienes trabajan hoy y probablemente sigan colaborando el resto del año.

Reactivar la zona

¡Necesitamos volver a ayudar! Hoy la donación de insumos pasa un poco a segundo plano y la reconstrucción y reactivación económica son urgencias. Por eso, acercarnos a los puntos de ayuda, donar dinero y visitar la zona es vital en esta fase. Fundación Reina de Quito, Colmena, Construyendo Esperanza, KAHRE, Desafío Ecuador, Techo Ecuador, Habitat Ecuador, PAE, Lucky Bienestar Animal, entre otras, son instituciones que continúan con la labor. Contactémoslas, apoyémoslas, sigamos caminando y visitemos la zona; comamos un rico cebiche y volvamos a jugar en el mar, hasta que poco a poco vuelvan a imponerse la alegría, el trabajo y las ganas de continuar.
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Por: Paulina Terán